Los Premios de La Academia; el arte, la élite, y la controversia…

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Hace poco dieron lugar los Premios de la Academia, mejor conocidos como los Oscares, y este año estuvo lleno de mucho talento cinematográfico como de costumbre, pero también de controversia racial y por supuesto, el tema favorito en Twitter: Leonardo DiCaprio estuvo nominado y se llevó la estatuilla dorada al fin tras su sexta nominación.

En su octogésima octava entrega, la academia tuvo a Chris Rock como anfitrión de los premios por segunda ocasión después de once años, una opción que alguna vez fuera riesgosa, y cuyo monólogo de 2005 aún resuena para algunos.

Sin embargo, la controversia racial que se suscitó al respecto de no haber nominaciones para personas de color este año, le dio, como era de esperarse, un tono agridulce al monólogo de Chris Rock. Controversia que causó que algunos actores del medio como Jada Smith, esposa de Will Smith, llamaran a un boicot a los premios, esto específicamente porque consideraba que su esposo Will Smith merecía una nominación por Concussion, al igual que muchos opinaban lo mismo con respecto a Idris Elba por Beast of No Nation.

El monólogo de Chris, aun haciendo alusión a los temas delicados e importantes, se vio flojo, simple y dejó qué desear. Haciendo referencia importante sobre la actual controversia racial, dejó claro el mensaje con su particular toque de humor e ingenio. Quizá si la controversia no se hubiera suscitado habríamos tenido un mejor monólogo de Chris Rock como al que estamos acostumbrados.

Chis hizo un comentario bastante acertado, en dónde al preguntase si Hollywood es racista, concluyó con que Hollywood no es racista en el sentido común de la palabra, sino más bien es un ambiente en donde se experimenta un tipo de racismo (y exclusividad) propio de las hermandades universitarias, algo así como «Nos caes bien, pero no eres uno de nosotros».

Las nominaciones

En cuanto a las nominaciones y los premios la que sorprendió al ganar varias categorías técnicas fue Mad Max Fury Road, llevándose a casa seis estatuillas. Sin embargo la bella Charlize Theron no fue nominada para mejor actriz de reparto, nominación que se esperaba.

The Revenant del mexicano Alejandro Gonzáles Iñárritu se llevó mejor director por segunda vez consecutiva y mejor cinematografía a cargo de Emmanuel Lubezki quien hizo historia al ser el primer director en ganar el premio en dicha categoría tres veces seguidas.

Por supuesto, lo que dio mucho de qué hablar en las redes sociales fue que Leonardo DiCaprio al fin recibió un Oscar, esto por su papel en la película del mexicano The Revenant.

El show sorprendió con la actuación de Lady Gaga cantando Till It Happens to You de la película «The Hunting Ground», y que estuviera nominada en la categoría de mejor canción original, además de ser en parte inspirada por el abuso sexual que sufrió a los diecinueve años. Sam Smith fue quien se llevó la estatuilla en dicha categoría con su tema Writing’s on the Wall de la película de «James Bond 007» Spectre.

Una de las ganadoras esperadas y favoritas fue por supuesto la sueca Alicia Vikander a mejor actriz de reparto por su incomparable actuación en la película The Danish Girl con el papel de Gerda Wegener como la esposa de Lili Elbe (Eddie Redmayne) quien fuera la primera persona transexual en experimentar una cirugía para cambio de sexo. The Danish Girl, una película, fuerte, pesada con una temática controversial pero impecablemente hecha.

Redmayne, también estaba nominado para mejor actor pero perdió frente a DiCaprio y Vikander protagonizó el ingenioso thriller de ciencia ficción Ex-Machina, cinta que se llevó el premio por la categoría de mejores efectos visuales.

En la categoría de mejor actriz, la estatuilla se la llevó Brie Larson por su fantástico papel en «Room», película basada en una novela con una historia escalofriante acerca de una chica que permanece cautiva en una habitación en contra de su voluntad por años, y que tiene que criar a su hijo dentro de la habitación. Los contrastes de como su hijo percibe la realidad sin jamás haber visto el mundo exterior, hacen a esta película una historia fascinante.

En cuanto a mejor actor de reparto el ganador fue Mark Rylance con su papel de Rudolf Abel, un espía de la unión soviética en estados unidos durante la guerra fría en la cinta de Steven Spielberg Bridge of Spies en la que también protagonizó Tom Hanks.

En cuanto a mejor película, se disputaban Spotlight y Room, siendo Spotlight la que se llevara la estatuilla. Un filme fascinante y serio con una temática delicada, complicada y controversial, que relata las dificultades que pasó un equipo de investigación periodístico con el mismo nombre de un periódico de Boston, The Boston Globe, para revelar uno de los crímenes más repulsivos que ha evidenciado la humanidad cometido por una institución religiosa tan poderosa como lo es la iglesia católica. Sacerdotes que por años abusaron sexualmente de menores y que la iglesia sabía y encubría. Aun así la institución les permitía seguir desempeñándose como clérigos y estos volvían a cometer sus fechorías. Una cinta fuerte y que sin duda se merecía el premio a mejor película. Con una actuación excelente de Mark Ruffalo que también recibió una nominación a mejor actor de reparto, pero perdió frente a Mark Rylance.

Reinan las élites

Con todo la ceremonia no fue lo que muchos esperaban; a Tina Fey no le encantó, e independientemente de los comentarios acertados de Chris Rock acerca de la controversia racial, su monólogo no fue percibido como muy gracioso y de hecho causó enojo en muchos con su chiste de los tres niños asiáticos como «contadores de los Oscares», en los que invitó al escenario a tres niños asiáticos vestidos de traje, entre ellos una niña, y en el que después dejó claro que si a alguien no le gustaba su chiste, solo debía tuitearlo desde su teléfono móvil, el cual también había sido fabricado por dichos niños.

La academia parece ser una institución arcaica, y se discute reformarla o simplemente terminar con ella ya que es básicamente una élite de cineastas y muchos de ellos votan sin ver las cintas, se habla de la desigualdad de género, edad y raza entre los miembros, y sus intentos aparentes por refrescar la ceremonia y atraer a una audiencia más joven han sido a veces desatinados, como es el caso por ejemplo de los Oscares honorarios que este año fueron entregados en una ceremonia privada, quitándole a los premios ese momento donde los viejos grandes le brindaban emoción y nostalgia a la ceremonia con sus trabajos espectaculares de toda la vida.

En conclusión, una ceremonia con muchos extremos y si es cierto que Los Premios de La Academia seguirán siendo algo relevante en el mundo del cine, es momento de revitalizarlos y reformar a la academia, o de otra forma, perderán relevancia y quizá si la controversia siguiere, lo mejor sería darla por terminada.

Mil páginas

Y escribiré mil páginas sobre ti que jamás leerás; al menos cien sobre tu perfecta imperfección, unas doscientas sobre tu cuerpo el cual no puedo etiquetar, trescientas sobre tu humor ridículamente alegre, y el resto, sobre el insomnio que me causa el café de tus ojos.

—Raúl Oropeza.

The Story of a Boy

When I was younger, I used to think life would just turn out fine. That everything that lay ahead of me was bound to be pure perfection. How foolish I was.

Then in high school, those ambitions started to slowly and unnoticeably fade away, and the feeling of hopelessness that is now part of my everyday life, started to fill in and spread, like a disease.

By the time I was in college, I thought, ‘well, I may not be studying at the university I wished for, but I think I have a chance at life.’ I studied Gastronomy by the way. Soon it was, before I had graduated with my diploma on one hand and my hopes, dreams and doubts on the other.

Soon I got to have my first encounter with the real world. It did not go well. I started working for a local restaurant; an Argentine restaurant whose owner was a chubby woman with the attitude of an angry truck driver. Nothing was good enough for her. However, the worst was probably the head chef. I simply could not make my mind as to whom I hated the most.

Three days later, I left my uniform in an empty locker, and was on my way. Never had I felt such a relief, such a joy. I was exhilarated. After that failed attempt to embrace the work field —the working class, I decided it was time for me to go back to school.

I didn’t know what to do, of course, if anything, my life has always been characterised by an unnerving inability to make decisions —to make up my mind.

Making the right decision has always been a struggle for me. But not only can I not make the right decision, the worst comes when I have to think of something with no previous clue or ground to start with.

I remember all those bullshit vocational tests I took during my last days of high school, they always told me I was good with language and that I would make a good lawyer, economist, teacher or some of the sort.

So I decided to try International Trade. It sounded fancy, and I got to study it at the same university —a private one— I had studied high-school. When I got there, I got a discount —a pretty good deal for my tuition. I started happily, and feeling a bit more confident that I would then have more options in life. Two weeks later, came another disappointment. My mother informed me it was impossible for her to continue to pay for my tuition. You see, ever since my parents got divorced, my mother and I have always struggled with money. When it comes to money —a delicate matter in my family—, I fall silent. I hate our money problems. My father decided he was no longer obligated to support me financially after I turned eighteen. Legally yes, of course, but I was going to college for god’s sake! What kind of parent does that? I always wondered. Of course things between my father and I soon fell apart —It did not go well—, and as a result we did not spoke to each other for sixteen years.

My mother for some reason has always had faith in me, so she soon encouraged me to teach English in a language school —English for foreign learners. I could do that, of course, but I simply disregarded such idea for I thought I would need credentials for that, credentials I did not have whatsoever. In the end, I tried it not expecting to have good results, as always, not trusting myself enough.

I did get the job, and I began to work at a local small language school. The payment was minute, but for the first time I was doing something real —or at least it looked like a real job—, I was teaching.

A year passed, and I continued teaching though I hadn’t given up on the idea of going back to college. As I did not have the money for a private university, I decided I would enrol in the public state university. I picked Economics. I guess because it was the field of study that appealed the most to me. It sounded fancy, and I remember I always liked talking about economy matters and money. I kept working as an English teacher and soon got a job at the same university where I had studied Gastronomy, thanks to some good relations I had there.

Nearly five years went by, and I continued to work as a professor until my dad came around and asked my mother and me for forgiveness —for everything he had done to us.

Yet, for some time now, I’ve thought of myself as a failure, though I know and feel I’m better than a lot of people, people who do better. That’s the sort of thing you would not tell your family or your friends. It sounds horrible. But that is exactly what it feels like.

What is it that makes life so incredibly mysterious? That feeling of nostalgia, that seems to hurt within, that longing for something we simply do not know what it is, that constant idea that we are missing something, but we simply don’t get to figure out; that huge void inside us. The idea that life is a constant process of loss…

Probably love is the only thing that gives some meaning to the void of existence. Have I been in love? Yes. Have I loved —truly loved? No. At least no others than my family and friends, for that matter, of course. But you know what I mean. Surprising would it sound to anyone, to know I have not ever had a single girlfriend. But don’t get me wrong, I’ve dated girls, yes; but nothing serious. I’ve been in love, yes, but never reciprocated. Unrequited love is probably the field where I have the most experience in. That is why I cannot say I have loved, really.

The concept of love has always seemed baffling to me. It’s been a mystery for me ever since I can remember, or ever since I first came into contact with it. What is love anyway? Yet, it is the one thing I crave to write about, and feel unable to, for I feel I have no idea what it is, or at least, I still don’t fully understand it.

Pablo Neruda, the Chilean writer wrote: ‘If nothing saves us from death, may love at least save us from life.’ and from what I’ve come to know about love, this is perhaps what makes the most sense to me.

But perhaps my problem lies in a latent inability to overcome some insecurities of mine. That inability I have to commit myself to anyone is nothing but fear —pure fear. Fear of the unknown perhaps? I don’t know, yet I’ve always felt a little twinge in my belly whenever the idea of caring too much for someone comes to my mind, as to protecting me from love itself. I have thought about it. But if I am really honest with myself I would come to the conclusion that, throughout all my years of existence, my contact with love and relationships has been negative, disastrous and sickening. Wherever I looked around me, love was always pain and doom.

My mother, for example, always had really bad experiences with love and relationships. Everything ended badly in her life, at least ever since my father. As a result, she has confined herself to a solitary life. That is the sort of reference I have about love, and everywhere I look, it almost always seems to be the same. Nevertheless, I’m not so foolish as to think love is only pain and suffering. Of course problems lie with the way people deal with them. I know that. I am certain love will turn out just fine once I work on my outlook on life —and love itself.

After all this time I continue to struggle through the path of life, trying to make the most of it, still trying to understand it. Carl Sandburg said: ‘I don’t know where I’m going, but I’m on my way.’ Gandhi said: ‘Whatever you do in life will be insignificant, but it is very important that you do it.’ That is exactly how I feel… trying not to lose hope —not to give up on life.

Black Boots

There’s this girl,

with eyes green as the Caribbean shores,

The girl in big black boots

and solid-colour T-shirts.

 

So quirky and awkward,

you couldn’t ask for more.

So weird and pretty,

like it’s something hardcore.

 

She’s crazy about life,

just like me as well,

I fancy her a lot,

I hope she knows it well.

 

There’s something about us,

there’s something about her…

There’s something about me

when I’m with her.

 

She’s not easy to explain,

nor is she to describe.

There’s not too much to say about her

she gives me good vibes.

Desatino

Esos dramas que haces,

ese lunar en tu boca,

esas ganas de componerte,

aunque no estés rota.

 

Esos ojos de miel,

risa contagiosa,

felicidad a flor de piel,

felicidad perezosa.

 

Preso de tu torpeza,

augurio de calamidad,

me estremece tu simpleza,

muero de curiosidad.

 

Como olvidar los raudos momentos,

ínfimos como tu disponibilidad;

casi inexistentes para una memoria,

mi exceso de caballerosidad.

 

Como olvidar los breves momentos,

ínfimos como tu tiempo,

casi nada, te comento,

inexistentes para un recuerdo.

Debo estar loco, pienso,

mas sé que estoy cuerdo.

 

Palabras vacías lo sé,

sentimientos a tope, no sabes,

y entonces me pregunto:

¿Existirá el destino?

No… solo existe el desatino,

el cual me ha llevado lejos,

lejos de ti.