Black Boots

There’s this girl,

with eyes green as the Caribbean shores,

The girl in big black boots

and solid-colour T-shirts.

 

So quirky and awkward,

you couldn’t ask for more.

So weird and pretty,

like it’s something hardcore.

 

She’s crazy about life,

just like me as well,

I fancy her a lot,

I hope she knows it well.

 

There’s something about us,

there’s something about her…

There’s something about me

when I’m with her.

 

She’s not easy to explain,

nor is she to describe.

There’s not too much to say about her

she gives me good vibes.

Mahahual un pueblo bizarro y mágico…

Hace unos días estuve por las fabulosas tierras del estado de Quintana Roo característico por sus playas de aguas cristalinas y arenas blancas, específicamente en Mahahual un pueblo remoto y muy especial. Antes había ya estado en su ciudad estandarte, Cancún, aquella cuidad famosa por su vida nocturna, y la llegada anual de muchos extranjeros especialmente de origen estadounidense. Pero esta vez decidimos ir a explorar aquellos lugares del estado no tan visitados pero con mucha presencia de extranjeros principalmente aquellos que se quedan ahí a vivir. Ya en la carretera de Chetumal a Cancún nos desviamos hacia una pequeña carretera en línea recta en la que a casi a 160 km por hora se podía apreciar prácticamente nada. La carretera en línea recta no cambió por mucho y después de casi hora y media de camino al fin comenzó a tomar curvas, llegamos al pequeño pueblo y entonces pude divisar pequeñas y peculiares casitas y cabañas pintadas de colores muy vivos y llamativos. El pueblo estaba tan cerca de la playa que daba la impresión que si un huracán o Tsunami impactara al lugar, no quedaría absolutamente nada.

Cabañas...

Harbor Master

La presencia de extranjeros era notable incluso la capitanía de puerto decía debajo de su nombre en español Harbor Master y pensamos «¡increíble! Es algo gubernamental». Íbamos en la camioneta y dimos vuelta en una pequeña calle con dirección hacia el mar y entonces oímos una voz con una claro acento italiano diciendo «No se puede manejar en el malecón» a lo que rápido hicimos caso y salimos del malecón. La presencia italiana entonces empezó a notarse, desde cabañas y hospedaje, Gelato y pizza.

Se acercaba la noche, la tarde ya estaba casi muriendo en un bello atardecer, y necesitábamos un lugar para pasar la noche, y entonces, nos dispusimos a buscar algún lugar, en primera instancia preguntamos en los hoteles diminutos estilo posadas que estaban en la playa, en el malecón pero no había cupo, luego preguntamos en unas cabañitas, cuyo dueño era italiano por cierto, que estaban cerca de la playa, y el precio era de $400 pesos la noche, nada mal, pero al parecer pero no tenían aire acondicionado ni televisión y pues las temperaturas como sea, eran algo altas, entonces preguntamos en un hotel de aspecto modesto y el precio era de $600 la noche, y aunque tenía aire acondicionado y televisión, no nos quedamos ahí, sino en cambio optamos por el particular y peculiar hotel “Matan ka’an.”

Matan Ka'an

Al llegar, pude apreciar un letrero sobre supuesta comida mexicana que decía “Mucho Bueno” pues bueno no lucía muy confiable la verdad, era un hotel pequeño pero grande a comparación de los que estaban cerca, tenía un estanque con rocas y una fuente peculiar y por el que para cruzar había un peculiar puente que después llevaba a una escalera muy vistosa y ésta, a cada habitación. Ya era tarde y de noche, moríamos de hambre y entre todas las opciones que había, al fin encontramos un pequeña y diminuta pizzería a lado de un local de Gelato, la pizzería era diminuta el menú se presentaba en una pizarra negra con las letras artísticamente escritas y dibujos en gises de colores. Lo curioso es que con tanta presencia italiana al preguntar por el dueño de la pizzería el joven que atendía de aproximadamente veinticinco años de edad nos contestó: «el dueño soy yo y soy de Veracruz».

Matan ka'an

Pizzería La Pasada

Había pizza de peperoni, hawaiana, entre otras pero la opción obligada era la “Mahahualeña”, que era básicamente, camarón, cebolla morada y especias, pedimos una pizza entonces mitad peperoni y mitad Mahaualeña, en fin, en lo que esperábamos compramos unas cervezas en un tienda local ya que en la diminuta pizzería no había, y el dueño no tuvo problema alguno, esperamos… La pizza llegó y nos fue servida en unos platos estilo canastitas de mimbre o algún material parecido. La pizza era sencillamente deliciosa, había sido amasada al instante y cocinada en un horno “hechizo” de acero o hierro (artesanal hecho por un herrero). En una pequeña barra pegada había un montón de salsas pero la salsa protagonista fue chimichurri casero, sencillamente delicioso. Sin riesgo a mentir probablemente la mejor pizza que haya probado hasta ahora…

Después de cenar fuimos directamente al hotel, ya era tarde y estábamos muertos, además, al día siguiente despertaríamos temprano para partir hacia Villahermosa y así fue, dormimos lo que pudimos en el cómodo y pequeño hotel, nos levantamos a las cuatro de la mañana y partimos hacia Villahermosa, y los recuerdos peculiares de aquel pequeño y excesivamente tranquilo pueblo me invadían y dejaban una sensación rara y quizá un poco agridulce, pero de cierta forma placentera, y así recordaba a Mahahual, aquel pueblo bizarro y mágico…